VISITANDO XOCHIMILCO, UN DEPORTE EXTREMO


 
 
Ayer domingo estuve en el bello Xochimilco, un lugar que me gusta por contener aún rasgos de nuestras costumbres milenarias, amén de las veladas y reuniones inolvidables que he vivido con mi famila y grandes amigos a lo largo de mi existencia.
 
A los quince minutos pasados del medio día, circulaba por la calle de Pino, a un costado del Convento de Bernardino, el semáforo de la esquina de Pino y 16 de septiembre se puso en rojo, por lo que hicimos alto total, cuando vi venir a unos 6 granaderos con sus escudos de plástico corriendo sobre la calle, detrás de ellos una lluvia de rocas, ladrillos, botellas, tubos, algunas caían a escasos metros de los autos y en medio de los peatones que pululaban por el centro de la demarcación, y corriendo tras ellos, una turba enardecida que los perseguía con intensiones nada amigables. Mi  hijo estaba en el asiento trasero y me preguntó ¿A quién ayudamos a los policías o a la gente? tuve que explicarle que en aquellos momentos violentos, quien mete paz saca más, por lo que no nos quedaba sino pedir a los Dioses que nada nos ocurriera. Metros adelante frente al embarcadero Fernando Celada, estaban las tres unidades en que viajaban los granaderos, con unas cajas de mercancías, supongo que decomisadas, y máximo tres agentes del orden, que discutían, tal vez, cómo informar a sus superiores que habían perdido a todos sus hombres, pues difícilmente podrían llegar sanos y salvos a ese lugar, ya que los más de 100 comerciantes hoy llamados "informales" los tenían calles atrás rodeados. A uno de estos oficiales observé levantando su pistola de la calle, lo que nos habla del nerviosismo que tenía, al grado de que se le haya caído el arma. El día de hoy he buscado información en los diarios sin éxito, por lo que desconozco el desenlace del episodio.
 
En la noche, al cruzar por la Noria, observé que él semáforo estaba en verde, por lo que continué con la marcha del auto, sin embargo al percatarme de que era el cruce del tren ligero que corre de taxqueña, hice alto para mirar a ambos lados por si venía el tren; mientras veía a un vigilante con una pequeña tira de luces rojas en la mano, a la altura de su cara, quien  permanecía en medio de las vías, circunspecto, viendo hacia mi auto, a pocos metros, se veía la luz del tren que corría hacia el crucero, pero el semáforo seguía marcando verde para los vehículos y el vigilante, solo atinaba a mantener su tira de luces rojas junto a su cabeza.
 
En verdad espero que los vecinos de la zona, conozcan el código de señales de esos "vigilantes", porque por lo menos, yo como visitante, me quedé con cara de "what", ante esa visión surrealista.
 
Es increible que en pleno siglo XXI continuemos sin utilizar la tecnología para prevenir accidentes y máxime que los de este estilo suelen ser fatales, increible que tengamos que poner a un par de tipos, sin por lo menos un letrero que diga alto, o sin la posibilidad de que puedan poner el semáforo en alto.  Ni que decir de la colocación de aquellas viejas plumas que bajan cuando un tren activa un sensor a ciertos metros del crucero y una señal sonora avisa a los conductores del peligro.
 
Como decía el buen López Tarso: "Otra más gallero" para el GDF.
 
De cualquier forma, Xochimilco sigue siendo uno de los lugares en esta capital que goza de mis preferencias.
 
 
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