SOBRE LA REFORMA ELECTORAL.


El patético espectáculo que vimos la semana pasada en cadena nacional, por cierto voluntaria, en la que el duopolio que maneja los destinos de este país se escindió, es el reflejo de una descomposición imposible de detener. Políticos y medios de comunicación: periodistas, analistas, comentaristas, hasta “chismógrafistas” de profesión, en un “debate” por la reforma electoral.

 

La litis: 3.5 millones de pesos que dejarán de “invertirse” en espots durante las campañas federales próximas, el Estado Mexicano hará uso del tiempo oficial con que, por disposición legal, cuenta desde el siglo pasado. Es decir, no dejarán de bombardearnos con campañas en los medios, pero por lo menos, esos mensajes, algunos divertidos, pero por lo general  bastante malos, no tendrán un impacto en el  presupuesto federal.

 

Por supuesto que se entiende que los grupos de radio y televisión defiendan un negocio de tal magnitud, es decir, ninguna empresa podría soportar pasivamente que de la noche a la mañana se dejaran de percibir ingresos de esa índole, pero lo que no es nada profesional, es la campaña de linchamiento por esta determinación. Ni se está atacando a la libertad de expresión, ni se castigará a quien delante de los micrófonos manifieste que tal o cual candidato es más guapo que los otros (SIC). La libertad de expresión, queda debidamente protegida por el contenido del  sexto y séptimo constitucional.

 

En el proyecto de reforma, entre otros asuntos se reduce a noventa días la duración de las campañas para Presidente, Diputados y Senadores; y a 45 días cuando se trate solo de Diputados Federales, tiempo que me sigue pareciendo enorme. Se prohibe a los partidos políticos la contratación por sí o a través de interpósita  persona, de propaganda, asimismo que en la difusión de las obras públicas, se utilicen las voces o imágenes de los políticos, evitando con ello, utilizar los recursos públicos para su propio beneficio.

 

Esta reforma ya ha sido aprobada por Senadores y Diputados, ahora se encuentra en las legislaturas de los Estados, por lo que hacia allá se han dirigido los cañones, ahora con forma de cámaras y micrófonos.

 

Conforme al 135 de la Constitución Federal, se requiere de la aprobación de la mayoría de las legislaturas para que se considere reformada nuestra Carta Magna.

 

No deje de leer: REGLAMENTO DE TRANSITO METROPOLITANO

 
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